Para cantar una alabanza al Señor.
(y sobre el sábado trasladado)

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1 ¡Despierta, despierta, espíritu mío que duermes, sí, despierta pronto! porqué ha llegado un día maravilloso, sí, ha llegado el día sagrado del descanso del Señor, del Padre santo y llenísimo de Amor, del Padre de los hombres.

2 El día sagrado siempre es aún el mismo, el séptimo, aquel que el Señor ha escogido; sólo que los hombres han tergiversado también los días así como se han tergiversado ellos mismos.

3 El día sagrado ha pasado a ser un día de trabajo esclavizante, y aquel día que Dios mismo ha determinado como el día donde más se debería laborar sobre la tierra, ya que Él mismo en forma evidente ha laborado, se ha convertido en el día de ocio.

4 Pero esto no debe confundirte nunca más a ti, mi espíritu inmortal; para ti el orden debe quedar así como el Señor lo ha ordenado desde la eternidad; porque el Señor no es tan voluble como lo es el hombre, el sabe porqué ha ordenado los días de esta manera para la eternidad.

5 Y así entonces que despierte mi espíritu a la dulce labor, con paz santa, para alabar al Padre santo y lleno de Amor y ensalzarle con todas sus fuerzas; pues Él es tan bueno y tan misericordioso y amoroso con todos sus hijos. Por eso que sea alabado y ensalzado por ti, mi espíritu.

6 Yo, alma pobre, siento ahora todo esto como una amonestación amorosa, y por eso Te llamo para que despiertes aquí, mi espíritu inmortal.

7 ¡Oh mi vida interior, tú, amor que provienes de Dios, tú despertaste dentro de mí, oh qué luminoso irradia tu ojo lleno de gloria esparciéndose hacía las profundidades infinitas de la vida eterna! ¡Yo ya no soy yo, sino Tú eres ahora todo para mí, oh por eso Te alabó con lengua inmortal del Padre santo, aquel que nos ha unido, y nos ha dado la vida eterna dentro de Él!

8 ¡Sí, yo, espíritu, he despertado: gracias a ti, mi alma inmortal en la misma forma, porqué me has despertado, para la labor de alabarle y ensalzarle en el día del descanso sagrado, en el santo y eterno día del Señor; — yo quiero alabarle con todas mis fuerzas, y siempre amar y ensalzar al Padre santo dentro de ti, mi alma diligente!

9 ¡Oh mi Padre santo y lleno de amor, Tú, creador eterno de los mundos, de los hombres, de los espíritus y ángeles y de todo el cielo infinito y eterno! ¡A ti te alaba y ensalza ya el ácaro cuya fugaz vida miserable apenas cuenta pocos minutos!

10 ¡A Ti Te alaba y ensalza el gusano pequeño en el polvo, miriádas de ejércitos de pájaros pequeños alegres que surcan el cielo celéste cantando himnos de alabanza a Ti, oh Padre santo!

11 Sí, todo lo que respira y lleva vida, te trae a ti, o Padre santo y llenísimo de Amor, un sacrificio festivo del agradecimiento más merecido dentro de una alegría sin nombre, cada cual según su género.

12 ¡Sólo el hombre, el hombre inmortal, puede dormir y descansar aquí, en donde todas las criaturas Te alaban, a Ti, Dador vivo y bondadoso, Dador del alimento más dulce, Creador poderoso omnipresente, Dios eternamente infinito!

13 ¡Oh por eso que seas amado y alabado y ensalzado por mí, por el espíritu inmortal, todo el tiempo y eternamente en este día tan santo de la tierra, en el día del descanso, porque tú eres, oh Padre santo, tan bueno y tan enormemente misericordioso conmigo!

14 ¡Oh que la honra más alta esté Contigo que eres el Padre en el Hijo y con Tu Espíritu todo santísimo, porque Tú me has creado, me has salvado y me has santificado nuevamente para la vida eterna, a través de Tu Bondad misericordiosa e infinita y Amor eterno; sí, que en recompensa sea Contigo, Padre santo, el agradecimiento eterno y la alabanza eterna de parte de éste, mi espíritu pecador! — Hágase Tu santa Voluntad siempre por la eternidad, amén; santificado sea Tu Nombre en nosotros eternamente. Amén.

Fuente:
Salmo 19 de la obra Salmos y Poemas
recibido por recibido por Jakob Lorber